El Mito de
"La Noche de los Lápices"

por Agustín Laje Arrigoni
(enviado para publicar en la página de DerechoEsquel)
Periodismo de Verdad: 23 de
Octubre de 2009
A poco de haberse cumplido un nuevo aniversario de los
sucesos que llevaron por nombre “La noche de los lápices”,
dogma setentista ineludiblemente conmemorado en los ámbitos
educativos año tras año, es dable efectuar un riguroso análisis
que al tiempo que nos aleje de la estrafalaria historieta, nos
aproxime a la verdad histórica.
En efecto, el mito de marras es la crónica –supuestamente
real-, primero hecha libro (escrito por M. Seoane y H. R. Nuñez)
y luego película (dirigida por Héctor Olivera), de un simpático
grupo de inquietos adolescentes que bregaban por una inocente y
solidaria rebaja del boleto estudiantil, siendo sus travesuras más
osadas dejarse el pelo largo y pronunciar consignas a favor de los
pobres.
Por estas y no otras razones, los intolerantes militares los
secuestraron, torturaron y por último los mataron a todos menos a
uno de ellos, Pablo Díaz, quien sobrevivió para luego contarnos
a nosotros lo presuntamente ocurrido. Con este maniqueísmo
desmesurado y rayano en lo grotesco, el filme de Olivera se
constituyó en un clásico del cine argentino, sin que prácticamente
nadie se atreviera a contrastarlo.
Vale destacar que el peso específico del mito de tal
envergadura, que además de proyectarse la cinta de La noche de
los lápices en todos los institutos educativos todos los 16 de
septiembre (día en que hipotéticamente sucedieron estos hechos),
increíblemente la legislación nos impone: “Instrúyase en la
provincia de Buenos Aires el 16 de septiembre de 1976 como día de
los derechos del estudiante Secundario”. (1)
Asimismo para esta fecha los alumnos deberán practicar con sus
profesores extensos “debates” (que de debates no tienen nada
puesto que hay un discurso único e incuestionable) y charlas
referidas al acontecimiento. Inclusive existe una canción alusiva
compuesta por el cantautor canario Rogelio Botanz, que entre otros
desvaríos dice: “Desde entonces, saco punta a la memoria, con
crayones, a colores, te dibujo una canción, que es un corazón
con su flechita y Claudia y Pablo, a cada lado, para siempre un
mismo amor. Claudia, sabrás… desde entonces San Silvestre es el
patrón de recordar y cada noche de los lápices escribe una vez más
en la cola de un cometa: ‘DONDE ESTÁN?’”. No debiera extrañarnos
si el extravagante “Piti” Álvarez o los rústicos “Pibes
Chorros” en su próximo single lucran también con la memoria de
“los chicos de la noche de los lápices”. ¡El setentismo es
un mercado de infinitas posibilidades!
Empero, lo cierto es que la versión oficial de La noche de los
lápices se asemeja más a una novela del galán Pablo Echarri que
a un suceso histórico. En rigor, al parecer ni Pablo Díaz fue el
único sobreviviente, ni el grupo de estudiantes que fueran
detenidos por las fuerzas del orden eran muchachos inofensivos que
tan sólo pedían una rebaja en el boleto estudiantil.
Miles y miles de jóvenes participaron de aquellas
manifestaciones que tuvieron lugar un año antes de las
detenciones (en 1975), por lo que resulta absurdo creer que las
Fuerzas Armadas y sus aceitados aparatos de inteligencia hayan
podido detectar a tan sólo diez de ellos y con un año de dilación.
Entonces es dable preguntarse: ¿Por qué algunos fueron detenidos
y otros no? ¿La lucha por el boleto estudiantil, como reza el
mito, fue la causa del trágico destino de estos jóvenes?
Con destacable honestidad y efectuando un homenaje respetuoso a
su hermana caída en la guerra revolucionaria, más precisamente
en el hecho que estamos analizando, el ex montonero Jorge Falcone
(hermano de María Claudia, la co-protagonista del filme), señala
que: “Mi hermana no era una chica ingenua que peleaba por el
boleto estudiantil. Ella era toda una militante convencida […].
Ni María Claudia ni yo militábamos por moda. Nuestra casa fue
una escuela de lucha. […] La construcción ideológica de María
Falcone y de quien les habla no fue libresca. […] Nadie nos usó
ni nadie nos pagó. No fuimos perejiles como dice la película de
Héctor Olivera…fuimos a la conquista de la vida o la muerte”.
Dejando constancia de las razones reales de la detención de su
hermana, Jorge Falcone agrega que “en el departamento donde cayó
mi hermana se guardaba el arsenal de
la UES
de
La Plata. Mi
hermana no cayó solamente por el boleto secundario… La compañera
María Clara era su responsable. No se agarraron a los tiros con
el pelotón que las fue a buscar por no hacer mierda a los vecinos
en un edificio de departamentos. No porque no querían o no podían”.
El ex guerrillero adiciona también una anécdota importante
sobre el estreno del falsario filme: “Cuando se dio la película,
yo fui llevado en andas con Pablo Díaz, el sobreviviente, del
cine al Obelisco. Allí dije que mi hermana estaba en la
clandestinidad con documento trucho, que respondía a una orgánica
nacional revolucionaria. Eso puso a todos nerviosos. No querían
escuchar esas cosas”. Finalmente, por si dudas quedaran, Falcone
sentencia: “Mi hermana no era una Caperucita Roja a la que se
tragó el lobo […]. Era una militante revolucionaria. […] Era
miliciana. El miliciano era un tipo que podía revolear una
molotov en un acto relámpago… También podían hacer una acción
de apoyo a un acto militar de mayor envergadura”. Y al respecto,
ejemplifica: “Como cuando participamos en una serie de actos relámpago
que sirvieron de cerco (nos enteramos después) en agosto del `75
para el hundimiento de
la Fragata Santísima
Trinidad”. (2)
¿No sería más lógico pensar que Claudia pudo haber sido
detenida por haber participado de este atentado terrorista y por
poseer en su hogar un arsenal de guerra de
la UES
en lugar de ser perseguida por una insulsa manifestación
estudiantil?
El 15 de septiembre de 1998 el diario de tendencia marxista Página
12 sorprendía a todos haciendo un reportaje a Emilce Moler, una
de las “jóvenes sensibles” vinculadas a los sucesos de La
noche de los lápices. La nota fue relevante principalmente porque
quedaba en evidencia la falacia de que Pablo Díaz era el único
sobreviviente, puesto que Moler dejaba constancia de que Gustavo
Calloti (otro de los involucrados) vive en Francia y otra joven
también protagonista del hecho, Patricia Miranda, en
La Plata.
(3)
Por otro lado, la reporteada explicaba que “no fue
exclusivamente la lucha por el boleto, eso era un objetivo
superfluo que fue utilizado buscando reivindicar la militancia.
[…] No creo que a mí me detuvieran por el boleto. La lucha fue
en el año 75, además no secuestraron a miles de estudiantes que
participaban en ella”.
En otro medio gráfico, Moler denuncia que “en la sociedad
quedó instalado que había sido la marcha por el boleto
estudiantil, pero el problema era que militábamos y con eso
relaciono nuestra detención”.
Es necesario destacar que cuando la entrevistada habla de
militar, se refiere a militancia en
la UES
, es decir, en una fachada del terrorismo montonero. Prosigue
Moler: “El boleto había sido un motivo claro para organizarnos,
pero ocurrió en el `75. Fue mucho antes de nuestras
detenciones”. Sobre la cantidad de sobrevivientes, expresa
contundente: “Siempre fui fiel al relato de que éramos cuatro
los sobrevivientes”.(4)
En lo que respecta al supuesto único sobreviviente Pablo Díaz,
presentado en el embustero filme como un cariñoso adolescente de
inmaculados sentimientos, en rigor de verdad formaba parte del
aparato terrorista del PRT-ERP, ya que “militaba en el Frente
Estudiantil de la subversión de
la JG
(Juventud Guevarista), rama que englobaba activistas del PRT-ERP
inscriptos en institutos educacionales, de donde se extrajeron
primordialmente renovadas camadas terroristas.
(5)
Fue de esa militancia castro-guevarista (es decir
marxista-leninista) nunca desmentida y ahora reafirmada por el
propio interesado, que el casi veinteañero Díaz (un poco grande
para estudiante secundario) resultó detenido entre 1976 y
1980”
.(5) Algunos años después, y ya siendo no tan joven, “Pablo
Alejandro Díaz hizo conocer su filiación al grupo terrorista MTP
(Movimiento Todos por
la Patria
), prolongación del ERP, comandado por el asesino Enrique Gorriarán
Merlo, que en 1989 asesinara a diez soldados e hiriera y mutilara
a otros sesenta durante el ataque terrorista al Regimiento 3 de
Infantería Mecanizado ‘General Belgrano, en
La Tablada
”.(6)
Las pruebas están a la vista y son brindadas por los propios
protagonistas del difundido suceso: la historia oficial de La
noche de los lápices no es más que una patraña, una total y
completa ficción. En efecto, miente cuando dice que hubo un solo
sobreviviente, dado que cuatro de los implicados, para la dicha
popular, viven según quedó documentado; y miente cuando sostiene
que fueron perseguidos tan sólo por “bregar por el boleto
estudiantil”, cuando sus propios protagonistas afirman lo
contrario: fueron detenidos por formar parte de estructuras
vinculadas al terrorismo subversivo.
A efectos de evitar malas interpretaciones por parte del
lector, vale aclarar que en modo alguno pretendemos justificar los
métodos para combatir al terrorismo que diseñó el peronismo en
democracia (con
la Triple A
primero y con los decretos de aniquilamiento después) y que
continuaron empleando las Fuerzas Armadas luego de marzo de 1976.
Sin embargo, estamos convencidos de que la falaz versión
oficial de “La noche de los lápices”, lejos de ser un aporte
a la memoria de los caídos en el acontecimiento, no constituye más
que una grotesca burla y rotunda falta de respeto contra estos jóvenes
combatientes que cayeron en la guerra revolucionaria que sus
organizaciones guerrilleras le declararon al pueblo argentino en
los años `70.
*(El autor tiene 20 años, es estudiante universitario y
autor de numerosos artículos de opinión e investigación sobre
los años 70´. Está culminando su primer libro en la materia,
que será publicado a principios del año que viene).
Fuentes:
(1) Ley provincial 10.671, 31 de agosto de 1988. Citada en Márquez,
Nicolás. La mentira oficial. El setentismo como política de
Estado. 3º ed. Buenos Aires, Edición del autor, 2007. p 309
(2) Gorbato, Viviana. Montoneros. Soldados de Menem. ¿Soldados
de Duhalde?. Buenos Aires, Sudamericana, 1999, pp. 96-97-98
(3) Datos citados en Márquez, Nicolás. La mentira oficial. El
setentismo como política de Estado. 3º ed. Buenos Aires, Edición
del autor, 2007, p. 253
(4) Diario Hoy.
La Plata
, Argentina. 14 de septiembre de 2006.
(5) Revista Cabildo, Nº 128, Buenos Aires, 1989. Citado en Márquez,
Nicolás. La mentira oficial. El setentismo como política de
Estado. 3º ed. Buenos Aires, Edición del autor, 2007, p. 252
(6) Márquez, Nicolás. La mentira oficial. El setentismo como
política de Estado. 3º ed. Buenos Aires, Edición del autor,
2007, p. 252
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